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Sabancaya proviene del nombre
quechua “Sahuancqueya” que significa volcán que escupe. La última
erupción del volcán Nevado Sabancaya (1988 a 1998) se produjo luego de
casi dos siglos de aparente calma. Varios relatos atestiguan actividad
eruptiva del volcán en los años 1460, 1752 y 1784 D.C. (Travada y Córdova,
1958; Zacamola y Jáuregui 1951). En la obra de Ventura Travada y
Cordoba, titulada “El suelo de
Arequipa convertido en cielo”, quien fuera cura de las comarcas de
Salamanca (valle del río Maran) y Pocsi en Arequipa, se relata lo
siguiente a raíz de uno de sus viajes en 1750 por la zona del
Ampato-Sabancaya: “...allí el volcán esta perennemente ardiendo de dia y de noche y que no
hay noticia de haber hecho estrago alguno el tiempo de la cristianidad
aunque tampoco le faltan señas de haber erupcionado sus crudezas en
inmemorables tiempos”. Existen
relatos históricos del año de 1784, un 11 de julio, durante el período
de actividad sísmica posterior al gran terremoto del 13 de mayo de ese año
y que destruyó la ciudad de Arequipa, se menciona que en el área de
Ampato-Sabancaya, “el volcan humea
y bosteza fuego” (Zamacola y Jauregui, 1804). Erupción de 1988 a 1998:Las
primeras señales de reactivación fue indicada en 1981, por los
habitantes de Cajamarcana-Huacachiguero situado al pie del volcán
Sabancaya. Posteriormente, en 1985 dichos índices que consistian en la
salida muy débil y esporádica de fumarolas, ruidos y sismos de baja
intensidad, se hicieron un poco más notorios. En noviembre de 1986, precedida de una débil
sismicidad local se inicia una intensa actividad fumarólica en el cráter
del volcán Sabancaya. Las fumarolas se elevan entre 500 y 1000 de altitud
con respecto a la cumbre del volcán, haciéndose visible a varias decenas
de kilómetros a la redonda, lo que suscitó la inquietud de los
pobladores de los alrededores (Chivay, Cabana Conde, Huanca, Lluta, entre
otros) Esta actividad disminuye progresivamente en el curso
del primer semestre de 1987, pero ella fue retomada brutalmente el 7 de
agosto del mismo año. En el área del volcán, los lugareños del
Huacachiguero son afectados por los gases (H2S) que salieron
abundantemente del cráter. Las fumarolas eran cada vez más abundantes,
con intervalos se 20 a 30 segundos y a veces de 1 minuto, los colores varían
del blanco al gris claro y amarillento. Durante 1989 y los primeros meses de 1990 esta
actividad permaneció casi regular, pero los días 9 y 10 de mayo e 1990
los habitantes de Cajamarcana y Maca escuchan ruídos y pequeños sismos
en forma casi continua. La actividad eruptiva se incrementa notoriamente
entre el 28 de mayo y 5 de junio de 1990 (Bull. SEAN), durante esta época
una columna de gas y cenizas se elevó a 5000 m encima del cráter. Las
cenizas fueron dispersadas hasta 10 km aproximadamente. Esta leve
actividad fue en constante aumento hasta fines de 1990.. Las columnas
eruptivas engendradas por las explosiones freatomagmáticas alcanzaron una
altura promedia de 0.5 a 3 km, y estuvieron separados por un lapso de
tiempo de 10 minutos a 1 hora. Durante el día se produjeron entre una a
dos explosiones fuertes con una doble magnitud. Según Thouret et al. (1995), los proyectiles balísticos (bloques >64 mm) fueron emitidos hasta 500 m del cráter, los lapilli (>2mm) dispersados llegaron hasta 3-4 km, las cenizas (<2mm) hasta 10 a 25 km y el polvo (<1/16mm) hasta 30 km en la dirección predominante del viento. Las cenizas llegaron a medir hasta 5 cm de espesor cerca al volcán, por lo que tuvo que ser evacuado el poblado de Sallalli.
Referencias: J-C.
Thouret, A. Gourgaud, M. Uribe, A. Rodriguez, R. Guillande, and G. Salas.
(1995). Geomorphological and geological survey, and spot remote sensing of
the current activity of Nevado Sabancaya satratovolcano (south Peru):
assessment for hazard-zone mapping. Z. Geomorph. N. F. Berlin-Stuttgart,
v. 39, N°4, p. 515-535. Travada y Córdova, V. (1752): El suelo de Arequipa
convertido en cielo (Historia General de Arequipa).- Primer festival del
libro Arequipeño, edición 1958, 15p. Zacamola y Jauregui (1784): In Barriga, V. M. (1951): Los terremotos en Arequipa: 1582-1868. Edición La Colmena, 332 p. |